La vida es como la mires!!!

Hoy me levanté muy temprano para coger el tren que me llevaría a mi nuevo destino, viaje varias horas mirando el hermoso paisaje de sembríos y caí dormida por momentos. Sin embargo, sólo pude llegar a la mitad del trayecto de Budapest (Hungría) a Belgrado (Serbia). El tren había parado en el último pueblo fronterizo húngaro Kelebia, la policía subió y sello mi pasaporte de salida del país, sin embargo, minutos después cuando ingresé a la primera ciudad de Serbia (Subótica) subieron unos policías para hacer la revisión de pasaportes y cuando uno de ellos miró el mío, me indicó que no podía seguir, que necesitaba una visa para entrar a su país, me pidió que bajará del tren mientras verificaba y luego de unos minutos de espera, volvió y me dijo “Sorry, You have to take the train back to Budapest”.

Yo estaba algo sorprendida ya que había revisado ese detalle días antes, pero pensé quizá él tenía la información más actualizada, así que sin más que decir, emprendí el retorno, subí al tren que estaba al otro lado del andén en dirección a Budapest. Seguidamente, como ya lo imaginaba, en la primera parada del camino, subieron dos señoras encargadas de revisar los tickets de viaje y yo no tenía el mío porque no había podido comprarlo, les expliqué lo que había pasado, pero una de ellas me pidió que pagara la multa por viajar sin ticket, quizá fue que no me entendió, ella me hablaba en húngaro y yo en inglés, así que llamó a la policía para que pudiera explicarles a ellos. Resulta que pasó algo similar, ellos sabían muy poco inglés, primero vino una policía mujer, después un hombre y finalmente llamaron al que dominaba mucho más el idioma, a éste último le volví a explicar lo que había sucedido y le conté que estaba viajando por varios países y que habiendo sucedido eso, estando allí en Kelebia (Hungría), yo prefería aprovechar para conocer algunos pueblos del sur de su país. La verdad que se portó muy amable conmigo, me sugirió algunos lugares, conversó con las encargadas de los tickets para que no me cobraran la multa, me acompañó a mirar la opción de buses y me indicó dónde podía comer.

Así que feliz y dejando el incidente atrás, me fui a buscar algo que comer porque ya era hora de almuerzo. Al querer comprar comida me di cuenta que ya no tenía Forints (la moneda húngara) ya lo había gastado todo porque ya estaba camino a otro país, un chico del lugar me indicó la ubicación del único banco o algo parecido que había por allí y luego de algunas gestiones, que incluyó hablar telefónicamente con la encargada en inglés porque las que atendían no me entendían mucho, aceptaron cambiarme sólo 10 euros, bueno por lo menos para la comida y un trayecto más, me alcanzaba. Encontré un simpático restaurante y luego de comer algo, empecé a caminar por el pueblo, realmente a mí me pareció muy gracioso porque la poca gente que se cruzaba conmigo me miraba, algunos sonreían y otros saludaban algo asombrados, se notaba que yo no era de allí, además que caminaba con todo mi equipaje e iba tomando fotos. Hubo un grupo de personas que estaban haciendo la limpieza de unos jardines y al notar que me miraban, decidí acercarme a ellos, les sonreí y les dije: “Yo, Perú” y rápidamente uno de los señores me dijo “Inca”, jajaja se imaginan la risa que me dio, me encantó su respuesta, me quedé con ellos varios minutos, no nos entendíamos mucho porque hablamos diferentes idiomas pero al mismo nos entendimos un montón. El señor me pidió que lo esperara un momento, se fue en su bicicleta y cuando volvió, me trajo una botella grande de agua, es más había comprado dos para que yo pudiera escoger con gas o sin gas. Cómo no estar agradecida.

Luego seguí mi camino a otro pueblo cercano, Kiskunhalas, este lugar era más grande que el anterior, muy bonito, tenía muchos parques y una pequeña plaza donde los niños jugaban, decidí sentarme en una banca, descansar y observar, luego continué tomando algunas fotos. Así fue llegando la tarde, por suerte conseguí conexión de internet en el parque y pude comunicarme con amigos de Budapest y contarles lo sucedido. Al no encontrar opciones de hospedaje por aquí, decidí volver a la ciudad, luego de mi aventura por los pueblitos del sur de Hungría.

Les estoy escribiendo en el tren, ya cayó la noche y una amiga argentina me está esperando en un bar mexicano en Budapest!!! Allá voy!!!

Escrito el 13 de abril 2017, en el trayecto Kiskunhalas – Budapest, Hungría.

Felizmente atrapada en Budapest!!!

Algo tiene Budapest que me tiene atrapada por varios días, desde que llegué me sentí muy cómoda y feliz. Es una ciudad para caminar, admirar y sonreír. No entiendo absolutamente nada del idioma húngaro, pero me doy cuenta de que las personas piden permiso, saludan, dan las gracias y utilizan otras palabras amables cada vez que me comunico con ellas en inglés.

Recuerdo que llegué una noche, en un bus procedente de Viena, no tenía reserva de hospedaje y estaba algo preocupada por ello. Felizmente conseguí señal de internet en la estación de buses y pude reservar ese mismo momento un lugar donde quedarme. Lo siguiente para llegar a mi destino era tomar el Metro, pero por la hora ya no había donde cambiar la moneda para poder comprar el ticket. Un chico húngaro que estaba por allí, me ayudo y cambio algunos Euros en Forints (moneda húngara) y además me explicó que línea debía tomar. Al fin, siendo un poco más de las 10 de la noche, llegué a la estación de Oktogon, donde está ubicada una de las plazas principales de Pest, lugar que ahora me resulta tan familiar pero que en ese momento me era tan extraño. Mientras consultaba a una mujer que trabajaba en la estación de Metro sobre la dirección que buscaba; rápida y sorpresivamente apareció un chico que se ofreció en ayudarme a subir mi equipaje por las escaleras y orientarme sobre el lugar. Así que como enviado del cielo, me ayudó, me acompañó y me dejó en la puerta del hostel que buscaba, recuerdo que hablamos en inglés y un poco en español, ya que él había llevado un curso en el Instituto Cervantes de esta ciudad. Ya instalada en el hostel, quedé en encontrarme con un chico de Couchsurfing (comunidad viajera en el mundo) quien me acompañó a cenar y pudimos conversar muchísimo sobre nuestros países, costumbres, viajes y la vida en general; ahora forma parte de mi círculo de nuevos amigos en esta maravillosa ciudad.

Los días siguientes a mi llegada han sido días de muchas caminatas, he visitado todos los lugares turísticos a pie, he estado por Buda y por Pest, disfrutando del maravilloso sol primaveral, ya extrañaba sentir su calor, llevaba varias semanas conociendo otras ciudades de Europa, donde el sol sólo alumbraba pero no calentaba. También me he sentado a admirar por horas el río Danubio, desde diferentes ángulos de día y de noche. Me he enamorado del anochecer y de la vista iluminada del Castillo de Buda y el Puente de las Cadenas. He paseado por todos los rincones del Bastión de los Pescadores y he disfrutado de la maravillosa vista de Budapest desde lo alto. He fotografiado el Parlamento tantas veces tratando de conseguir la mejor toma. He caminado y sigo caminando por aquí.

Aún estoy en Budapest, me encanta su belleza y su simplicidad, se luce sin pretensiones y se muestra iluminada al mundo en esta nueva etapa. Es una ciudad que ha vivido momentos muy tristes y duros en el pasado, y que ahora mira al futuro y acoge a una comunidad internacional muy grande que da vida a esta amigable ciudad, de la cual formo parte también, al menos por unos días, semanas… en fin, sólo sé que estoy muy feliz de estar aquí y que después de tantos intentos y repeticiones, ya aprendí a decir ¡Egészségedre! ¡Egészségedre! ¡Egészségedre!

Escrito el 04 de abril del 2017, en Budapest – Hungría.