En Aranjuez, del amor a la amistad hay un sólo paso.

Un día como hoy hace un año, aterrizaba nuevamente en Madrid, era una sensación indescriptible volver a estar allí después de ocho años, una mezcla de alegría y nostalgia, pero no tenía mucho tiempo para asimilarlo, tenía que salir lo más rápido posible del Aeropuerto de Barajas.

Días antes a mi llegada, había conversado con “Pedro”, un chico madrileño con el cual había tenido una relación amorosa aquellos años. Le conté que iba a estar de pasada por allí, así que nos pusimos de acuerdo para aprovechar la tarde y visitar Toledo, lugar que yo quería conocer hace tiempo y no lo había podido hacer en mi anterior viaje.

Todo fue una locura, por más que me apuré, demoré más de lo que pensaba; entre las conexiones de Metro, ubicar la casa del joven vietnamita que me había alquilado un cuarto por “airbnb” el día anterior, y el calor madrileño de junio que me sofocaba y no me dejaba caminar con la mochila a cuestas, los minutos se fueron volando.

Felizmente pude contactar a “Pedro” y decirle de mi retraso. Cuando al fin llegué al punto de encuentro; allí estaba él, en la salida de la estación del metro, parado al lado de una banca; me sonrió y caminó hacia mí, me saludo con un cordial y tímido abrazo, y claro, los dos besos en la mejilla que me hicieron dar cuenta que ya estaba en España; fue gracioso porque al parecer la efusividad del saludo se le había ido segundos antes al confundirme con una chica que estaba sentada en la banca, ella acababa de llegar de México y llevaba una mochila, curiosamente también esperaba a una persona que no veía hace años. Nos despedimos de ella y emprendimos nuestro camino.

Mirando la hora, él sugirió que visitáramos un lugar más cercano, así que nos fuimos a Aranjuez, un pueblo a 42 km al sur de Madrid, lugar que había sido estancia de muchos reyes de la monarquía española desde Felipe II en el año 1560, y además, había sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2001.

Llegamos al atardecer, caminamos por los alrededores del Palacio Real y por los bellos jardines a orillas del río Tajo, recuerdo la sutil belleza del lugar y aquellas hermosas esculturas distribuidas a lo largo del camino, pero también recuerdo la bienvenida que me dieron los miles de mosquitos, creo que sabían que no era de allí, me dejaron marcas por mucho tiempo. Luego de unas cuantas fotos, nos sentamos en una terraza, pedimos unas bebidas y tapas, y dejamos fluir la conversación. Charlamos y charlamos por mucho tiempo, de nuestras vidas, de la familia, de los amigos, de los cambios, de los aprendizajes, de lo importante y de lo trivial, de todas las cosas que nos habían pasado en ese tiempo. Durante esos ocho años habíamos hablado unas contadas veces, algún saludo por fiestas y por allí alguna idea de proyectos laborales que compartíamos cada cierto tiempo, digamos que conversábamos unas dos o tres veces al año, pero siempre había buena vibra y buenos deseos de parte de uno hacia el otro.

Durante la temporada de mi viaje, poco más de tres meses por Europa, cruce algunas veces más por Madrid, cómo siempre yo estaba de pasaba, camino hacia otro lugar, y a pesar de lo inesperada de mis visitas, él siempre trato de darse un tiempo para almorzar, para tomar un café, acompañarme a un museo o simplemente caminar y conversar un rato. Ahora seguimos hablando igual, dos o tres veces al año, no importa la fecha, no recuerdo bien cuando es su cumpleaños y él tampoco el mío, a veces las fechas no importan tanto, pero si los segundos compartidos, las buenas vibras y el querer cultivar una bonita Amistad!!!

Viaje realizado el 24 de junio del 2015.

De España a Marruecos, navegando en la Alegría!!!

Y llegó el día esperado, es la primera vez que subiré a un barco y me encuentro súper emocionada. Después de muchos transbordos, aquí estaba yo, al fin había llegado hasta el extremo sur de España, la ciudad de Tarifa; y, miraba desde lo alto de la torre de un castillo medieval, el puerto donde iban y venían los ferries. El Ferry es un barco mediano que transporta vehículos y personas de una ciudad a otra.

Bajé rápidamente y me dirigí al puerto, en el camino unas personas me dijeron que podía conseguir los pasajes de Tarifa (España) a Tánger (Marruecos) en una oficina ubicada dentro del mismo. Todo pasó tan rápido, compré los pasajes y sólo había que esperar unos minutos para comenzar el embarque.

Cuando llegó la hora, empecé a caminar hacia la puerta de entrada del ferry, tenía muchas ganas de correr y saltar, me suele pasar cuando estoy muy alegre y emocionada, es como si quisiera despegar mis pies de la tierra y emprender el vuelo. Mi cara tenía impresa una sonrisa de felicidad, le pedí a una chica que me tomará unas fotos para recordar ese momento.

Al ingresar al barco pude ver muchos autos estacionados en la parte baja, los pasajeros teníamos que ingresar por una puerta pequeña y subir unas escaleras un poco empinadas y angostas, que nos llevarían finalmente a un gran espacio con sillas, pantallas de TV, una pequeña tienda de snacks, una “boutique duty free” y una oficina de migraciones.

Ubiqué rápidamente un asiento al lado de la ventana desde donde podía ver el mar, la chica que me tomó la foto se acercó y me pidió sentarse al frente mío, era un espacio con cuatro asientos, dos de un lado y dos del otro, nos separaba una pequeña mesa donde pusimos nuestras bebidas. Conversamos un poco, me contó que era de USA, que estaba viajando sola unas semanas por el sur de España y que quería aprovechar para hacer un full day en Tánger antes de volver a su país; ella ya había subido antes a un ferry pero también estaba muy contenta porque era la primera vez que iba hacia Marruecos.

El ferry comenzó su viaje y en unos segundos se formó una larga fila en la oficina de migraciones, teníamos que ir hacia allá para sellar nuestro pasaporte, nos levantamos del asiento y caminamos tratando de mantener el equilibrio para no caer encima de alguien. Mientras esperábamos nuestro turno, pudimos conversar con algunos marroquíes que iban de visita a su país con toda su familia, nos contaron que llevaban varios años viviendo en el extranjero y nos recomendaron muchos lugares bellos que visitar, lo que aumento mi alegría, mis expectativas y mis ganas de ir a explorar estas tierras. Luego del sello respectivo de migraciones, decidimos salir a una de las terrazas del ferry a mirar el mar, fue hermoso sentir la fuerza de la naturaleza, haciéndonos mover de un lado a otro, mostrando su fuerza y su grandeza en el viento y el mar, provocando en mi mucho respeto y admiración.

Después de unos minutos volvimos a nuestros asientos y al mirar con más detenimiento hacia la ventana nos percatamos que había una tarjeta postal en una de las ranuras, al voltearla pudimos leer “Somewhere something incredible is waiting to be known” (en algún lugar, algo increíble está esperando a ser descubierto) uau! preciso y precioso mensaje, DSCF4557 (2)decidimos dejarlo allí para que otras personas también se alegren e inspiren, definitivamente una hermosa frase del astrónomo Carl Sagan y un bello detalle de la persona que decidió compartirla con un alma viajera, mil gracias a quien haya sido!

Así terminó mi maravillosa experiencia de navegar por primera vez en un ferry, cruzando por el mar de un continente a otro, sorprendiéndome con cada detalle y disfrutando al máximo cada segundo.

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Costa marroquí.

Me llevo conmigo la alegría que me generó esta nueva experiencia, la fuerza y grandeza de la naturaleza, y la apertura e inquietud por conocer nuevos lugares y personas.

Ya estoy en Marruecos y el viaje en ferry ha sido inolvidable!

Viaje realizado el 15 de julio del 2015.