Un paseo al azar por Supetar!

Mi visita al pueblo de Supetar fue totalmente al azar, llegué al puerto de Split al sur de Croacia y pregunté por una isla que me habían recomendado, sin embargo me indicaron que el ferry (barco) ya estaba saliendo y ya no podía tomarlo, así que consulté por otras opciones donde pudiera pasar el día. La vendedora de pasajes me sugirió Supetar, un pueblo ubicado en la Isla de Brač, a hora y media de navegación, así que sin pensarlo mucho, compré el billete y subí inmediatamente a la embarcación que estaba a punto de partir.

Al llegar al pueblo me dirigí a la plaza principal y luego de algunos minutos me di cuenta que había una ruta señalizada de algunos puntos de interés para los visitantes, descubrí que muchos de estos lugares estaban relacionados con el artista Ivan Rendić, un famoso escultor croata que vivió allí su niñez y parte de su vida adulta. Fue así que caminando por las calles del pueblo, encontré su galería de arte y la casa donde vivió con sus padres cuando fue niño. Sobre la puerta de ingreso a la casa se puede apreciar una pequeña pieza tallada en piedra, que fue hecha por él cuando sólo tenía 15 años, uau!

Dando vueltas también por allí pude ver algunas pequeñas casas que me hicieron recordar a algunas viviendas de la Sierra de mi país, le tomé algunas fotos y luego me dirigí hacia la playa. Caminé muy cerca al mar hasta llegar al cementerio del lugar, que también es sugerido en la ruta por encontrarse allí algunas esculturas dignas de admirar. Me pareció interesante, un cementerio al lado del mar, debe ser relajante ser arrullado por las olas, aunque quizá ya no escuches nada, pero sólo saberlo, me dio tranquilidad.

Las horas fueron pasando y emprendí el retorno a Split, lugar donde pasaría varios días, sin querer queriendo. Ya les contaré!

Viaje realizado en abril 2017. Supetar, Isla de Brač. Croacia.

 

Mágico atardecer en Zadar, Croacia.

Una de las cosas más bonitas que hacer en Zadar es mirar la puesta del sol sobre el mar Adriático, y al mismo tiempo, escuchar la melodía que producen las olas en el órgano musical instalado allí, que es una especie de tuberías colocadas debajo de unas escaleras sobre la ribera del mar, las cuales al chocar con las olas producen sonidos especiales. Es curioso ver cómo la gente va llegando y buscando la mejor ubicación para ver el atardecer, algunos juegan con el sol para lograr “la foto” que les haga recordar ese bello momento.

Muy cerca de allí también se encuentra el “Saludo al Sol”, otra obra magnífica del arquitecto croata Nikola Bašić, que se complementa perfectamente con la anterior y con el espacio natural y urbano del lugar. Esta pieza viene a ser un círculo de vidrio de 22 metros de diámetro y en su interior contiene luces de diferentes colores producidas por un panel solar. Cuando el sol se oculta, la gente se mueve hacia ese lugar y niños y adultos empiezan a jugar con las luces que van apareciendo conforme se va acercando la noche.

Me gustó mucho estar en esta ciudad, caminar por sus calles antiguas, conversar con locales y viajeros, enamorarme de su música a pesar de no entenderla, pero cuyas voces y sentimiento, me hizo saber que ese era el lugar dónde debía estar en ese preciso momento.

Aún sigo en Croacia descubriendo más lugares. Hasta pronto!!! Abrazos para todos!!!

Abril del 2017, Zadar – Croacia.

La vida es como la mires!!!

Hoy me levanté muy temprano para coger el tren que me llevaría a mi nuevo destino, viaje varias horas mirando el hermoso paisaje de sembríos y caí dormida por momentos. Sin embargo, sólo pude llegar a la mitad del trayecto de Budapest (Hungría) a Belgrado (Serbia). El tren había parado en el último pueblo fronterizo húngaro Kelebia, la policía subió y sello mi pasaporte de salida del país, sin embargo, minutos después cuando ingresé a la primera ciudad de Serbia (Subótica) subieron unos policías para hacer la revisión de pasaportes y cuando uno de ellos miró el mío, me indicó que no podía seguir, que necesitaba una visa para entrar a su país, me pidió que bajará del tren mientras verificaba y luego de unos minutos de espera, volvió y me dijo “Sorry, You have to take the train back to Budapest”.

Yo estaba algo sorprendida ya que había revisado ese detalle días antes, pero pensé quizá él tenía la información más actualizada, así que sin más que decir, emprendí el retorno, subí al tren que estaba al otro lado del andén en dirección a Budapest. Seguidamente, como ya lo imaginaba, en la primera parada del camino, subieron dos señoras encargadas de revisar los tickets de viaje y yo no tenía el mío porque no había podido comprarlo, les expliqué lo que había pasado, pero una de ellas me pidió que pagara la multa por viajar sin ticket, quizá fue que no me entendió, ella me hablaba en húngaro y yo en inglés, así que llamó a la policía para que pudiera explicarles a ellos. Resulta que pasó algo similar, ellos sabían muy poco inglés, primero vino una policía mujer, después un hombre y finalmente llamaron al que dominaba mucho más el idioma, a éste último le volví a explicar lo que había sucedido y le conté que estaba viajando por varios países y que habiendo sucedido eso, estando allí en Kelebia (Hungría), yo prefería aprovechar para conocer algunos pueblos del sur de su país. La verdad que se portó muy amable conmigo, me sugirió algunos lugares, conversó con las encargadas de los tickets para que no me cobraran la multa, me acompañó a mirar la opción de buses y me indicó dónde podía comer.

Así que feliz y dejando el incidente atrás, me fui a buscar algo que comer porque ya era hora de almuerzo. Al querer comprar comida me di cuenta que ya no tenía Forints (la moneda húngara) ya lo había gastado todo porque ya estaba camino a otro país, un chico del lugar me indicó la ubicación del único banco o algo parecido que había por allí y luego de algunas gestiones, que incluyó hablar telefónicamente con la encargada en inglés porque las que atendían no me entendían mucho, aceptaron cambiarme sólo 10 euros, bueno por lo menos para la comida y un trayecto más, me alcanzaba. Encontré un simpático restaurante y luego de comer algo, empecé a caminar por el pueblo, realmente a mí me pareció muy gracioso porque la poca gente que se cruzaba conmigo me miraba, algunos sonreían y otros saludaban algo asombrados, se notaba que yo no era de allí, además que caminaba con todo mi equipaje e iba tomando fotos. Hubo un grupo de personas que estaban haciendo la limpieza de unos jardines y al notar que me miraban, decidí acercarme a ellos, les sonreí y les dije: “Yo, Perú” y rápidamente uno de los señores me dijo “Inca”, jajaja se imaginan la risa que me dio, me encantó su respuesta, me quedé con ellos varios minutos, no nos entendíamos mucho porque hablamos diferentes idiomas pero al mismo nos entendimos un montón. El señor me pidió que lo esperara un momento, se fue en su bicicleta y cuando volvió, me trajo una botella grande de agua, es más había comprado dos para que yo pudiera escoger con gas o sin gas. Cómo no estar agradecida.

Luego seguí mi camino a otro pueblo cercano, Kiskunhalas, este lugar era más grande que el anterior, muy bonito, tenía muchos parques y una pequeña plaza donde los niños jugaban, decidí sentarme en una banca, descansar y observar, luego continué tomando algunas fotos. Así fue llegando la tarde, por suerte conseguí conexión de internet en el parque y pude comunicarme con amigos de Budapest y contarles lo sucedido. Al no encontrar opciones de hospedaje por aquí, decidí volver a la ciudad, luego de mi aventura por los pueblitos del sur de Hungría.

Les estoy escribiendo en el tren, ya cayó la noche y una amiga argentina me está esperando en un bar mexicano en Budapest!!! Allá voy!!!

Escrito el 13 de abril 2017, en el trayecto Kiskunhalas – Budapest, Hungría.

Felizmente atrapada en Budapest!!!

Algo tiene Budapest que me tiene atrapada por varios días, desde que llegué me sentí muy cómoda y feliz. Es una ciudad para caminar, admirar y sonreír. No entiendo absolutamente nada del idioma húngaro, pero me doy cuenta de que las personas piden permiso, saludan, dan las gracias y utilizan otras palabras amables cada vez que me comunico con ellas en inglés.

Recuerdo que llegué una noche, en un bus procedente de Viena, no tenía reserva de hospedaje y estaba algo preocupada por ello. Felizmente conseguí señal de internet en la estación de buses y pude reservar ese mismo momento un lugar donde quedarme. Lo siguiente para llegar a mi destino era tomar el Metro, pero por la hora ya no había donde cambiar la moneda para poder comprar el ticket. Un chico húngaro que estaba por allí, me ayudo y cambio algunos Euros en Forints (moneda húngara) y además me explicó que línea debía tomar. Al fin, siendo un poco más de las 10 de la noche, llegué a la estación de Oktogon, donde está ubicada una de las plazas principales de Pest, lugar que ahora me resulta tan familiar pero que en ese momento me era tan extraño. Mientras consultaba a una mujer que trabajaba en la estación de Metro sobre la dirección que buscaba; rápida y sorpresivamente apareció un chico que se ofreció en ayudarme a subir mi equipaje por las escaleras y orientarme sobre el lugar. Así que como enviado del cielo, me ayudó, me acompañó y me dejó en la puerta del hostel que buscaba, recuerdo que hablamos en inglés y un poco en español, ya que él había llevado un curso en el Instituto Cervantes de esta ciudad. Ya instalada en el hostel, quedé en encontrarme con un chico de Couchsurfing (comunidad viajera en el mundo) quien me acompañó a cenar y pudimos conversar muchísimo sobre nuestros países, costumbres, viajes y la vida en general; ahora forma parte de mi círculo de nuevos amigos en esta maravillosa ciudad.

Los días siguientes a mi llegada han sido días de muchas caminatas, he visitado todos los lugares turísticos a pie, he estado por Buda y por Pest, disfrutando del maravilloso sol primaveral, ya extrañaba sentir su calor, llevaba varias semanas conociendo otras ciudades de Europa, donde el sol sólo alumbraba pero no calentaba. También me he sentado a admirar por horas el río Danubio, desde diferentes ángulos de día y de noche. Me he enamorado del anochecer y de la vista iluminada del Castillo de Buda y el Puente de las Cadenas. He paseado por todos los rincones del Bastión de los Pescadores y he disfrutado de la maravillosa vista de Budapest desde lo alto. He fotografiado el Parlamento tantas veces tratando de conseguir la mejor toma. He caminado y sigo caminando por aquí.

Aún estoy en Budapest, me encanta su belleza y su simplicidad, se luce sin pretensiones y se muestra iluminada al mundo en esta nueva etapa. Es una ciudad que ha vivido momentos muy tristes y duros en el pasado, y que ahora mira al futuro y acoge a una comunidad internacional muy grande que da vida a esta amigable ciudad, de la cual formo parte también, al menos por unos días, semanas… en fin, sólo sé que estoy muy feliz de estar aquí y que después de tantos intentos y repeticiones, ya aprendí a decir ¡Egészségedre! ¡Egészségedre! ¡Egészségedre!

Escrito el 04 de abril del 2017, en Budapest – Hungría.

Camino al Palacio de la Bella, un regalo para embellecer.

Llevaba unos días en el sur de Marruecos, en la soleada ciudad de Marrakech, aquel día había dado un par de vueltas por la plaza Jamma El Fna y decidí ir a visitar el Palacio de la Bahía “Palacio de la Bella o la Brillante”, nombre de una de las esposas de Sir Ahmed Ben Moussa; me habían comentado que era un lugar hermoso, con muchos patios y jardines, y, que su construcción había durado varios años, de 1894 a 1900 para ser exactos.

Estaba animada en conocer dicho Palacio, pero tenía que apurarme para poder alcanzar el horario de visitas. Para llegar más rápido, decidí cruzar el Zoco* y sus pasadizos entramados entre puestos coloridos, con una increíble variedad de productos. Ya había estado unas cuantas veces allí, tenía idea de la ruta a seguir para no perderme y sabía también que tenía que pasar por un “ritual”, por llamar de alguna manera a lo que sucedía mientras caminaba: Primero eran los gritos de saludo multilingüe de parte de los comerciantes: Bonjour Madame! Hello Miss! Hola guapa! … como tanteando para ver qué idioma entendía; y luego, los gritos con los nombres de países a los cuáles creían que podía pertenecer. Las primeras veces que caminé por allí, me causó mucha risa y como nunca acertaban con mi nacionalidad, volteaba y les respondía en voz alta: Perú!!!

Cómo era de esperarlo, sucedió lo mismo esta vez, pero en esta ocasión yo caminaba muy rápido; así que mientras avanzaba, iba haciendo una seña de “No” con mi dedo índice, sin voltear a mirar, dándoles a entender que no habían acertado con mi país de origen. De esta forma, seguí mi camino por varios minutos, recuerdo que casi a la salida del Zoco, pasé por un puesto de artesanías donde habían varios jóvenes reunidos,  al igual que los otros comerciantes hicieron “el ritual”, gritaron los saludos en diferentes idiomas y mencionaron una serie de países… hasta que uno de ellos gritó: Perú!!!, yo me encontraba a unos ocho metros de distancia, grande fue mi sorpresa y alegría al escuchar el nombre de mi país en un lugar tan lejano, paré de inmediato y volteé a mirar, sonreí a todos y les hice una seña con el dedo pulgar levantado en señal de “Ok”, luego hice un ademán de despedida y continué mi camino. A los pocos segundos, uno de los chicos vino corriendo detrás de mí pidiendo que lo espere, cuando me alcanzó, me dijo en español: “esto es para ti” mostrándome lo que tenía en su mano derecha, era una pieza pequeña de arcilla en forma de cuenco. Al ver el objeto yo no tenía idea de que era, creo que el joven se dio cuenta de eso y me explico: “es para pintar la boca, las mujeres marroquíes lo usan”, en su mano izquierda tenía un gotero con el que roció unas cuantas gotas de agua en el centro de la pieza, luego le paso la yema del dedo y me mostró como éste había quedado pintado de un rojo intenso. Yo admiré lo sucedido y le agradecí por tan curioso objeto, intercambiamos unas palabras más y luego seguí mi camino al Palacio de la Bahía, contenta con el regalo recibido.

La pequeña pieza de arcilla estuvo en mi mochila durante mis tres meses de viaje por Europa, la cuide y protegí para que no se rompiera, así llegó sana y salva a Perú. Estando aquí en Lima, busqué información en la web y encontré que “Aker Fassi” _ así se llama_ es un antiguo labial conocido también como el pintalabios bereber**, un producto natural que se obtiene de la mezcla de pétalos de rosas, amapola y carmín; y, además tiene efectos protectores e hidratantes… uau! qué gran obsequio el que había recibido, tan grande como la sonrisa que me provoca cada vez que recuerdo la anécdota, que de ahora en adelante será, una gran sonrisa al rojo vivo!!!

*Zoco, es un gran mercado lleno de puestos de ropa, especias, comida, artesanía y productos típicos.

**Bereber, perteneciente a un conjunto de etnias autóctonas del Norte de África.

Viaje realizado en julio 2015.

Relájate y disfruta, ya llegaste a Quillabamba!!!

Cuando el sol aparece en Quillabamba; alumbra, alegra y se deja disfrutar; calienta pero no sofoca. Si caminas por sus calles y vas por el lado de la sombra, percibirás que un viento fresco y suave te acompaña. Y si quieres refrescarte, muy cerca de la Plaza Principal está el río y hay hermosas piscinas por todas partes; ya si dispones de un poco más de tiempo y estás con ganas de caminar, puedes ir a explorar sus cascadas y darte un rico chapuzón.

Hace unas semanas me dio ganas de viajar; miré mis “millas ganadas” en una aerolínea y decidí canjearlas por un vuelo a alguna ciudad, tanteé algunos lugares y conseguí un pasaje gratis a Cusco (Perú), lugar que siempre es lindo visitar, pero está vez quería ir a un lugar en el que no había estado antes; pensé en pueblos cercanos y luego de unos minutos vino a mi mente “Quillabamba”, ciudad ubicada a 214 km de Cusco, a 1050 m.s.n.m.; hace muchos años llamó mi atención un artículo de periódico sobre esta ciudad, ya me había olvidado que la tenía como pendiente, fue así que, sin pensarlo tanto, 48 horas después, ya estaba viajando.

La magia de la ciudad de Cusco me atrapó por un par de días, y luego seguí mi camino en bus hacia Quillabamba, el trayecto duró aproximadamente seis horas, llegué muy temprano en la madrugada (4:00 a.m.), decidí quedarme en la sala de espera conversando con Luzmila, una señora muy simpática que luego de unos minutos de agradable conversación, ya me estaba invitando a cosechar café en su chacra ubicada en las afueras de la ciudad. Cuando el día se aclaró, me despedí de ella y continué mi camino; Ángel, un mototaxista muy amable, me recomendó un hospedaje en pleno centro de la plaza principal, cuando llegué al mismo, una señora sonriente salió a recibirme, definitivamente, allí me iba a quedar.

Quillabamba es una ciudad con poco flujo turístico, lo que me permitió establecer más contacto con la gente local. Mis primeras horas de la mañana las pasaba en el mercado, disfrutando de un rico desayuno de frutas y conversando amenamente entre mujeres, las que atendían en sus puestos y las clientas que cómo yo, venían a recargarse de energía y buena vibra para el día. Luego visitaba los lugares que me habían recomendado los pobladores, algunos fueron fáciles de llegar con movilidad local; y otros, con una buena caminata y la ayuda de la gente de la zona. Recuerdo que un par de veces retorné a la ciudad en moto lineal, creo que las condiciones del lugar hacen que la gente esté más dispuesta ayudar en la ruta, a veces hay desvíos y se cierran por horas algunos caminos, es frecuente que la gente salga a la vía principal, levante la mano y pida ayuda, y es genial que la gente esté dispuesta a ayudarte.

Quillabamba es una tierra fértil para el cacao, el café, la caña de azúcar y muchas variedades de frutas, por lo que es lindo visitar sus haciendas, conocer el proceso de la siembra y caminar entre las plantaciones. Un punto aparte son sus piscinas, ubicadas al lado de un bello paisaje natural, si te gusta nadar, no dudes en visitarlas, espero que las disfrutes tanto como yo lo hice.

Y bueno, te diré que si buscas un lugar con agradable clima, hermoso paisaje, gente amable y alejado del movimiento turístico;  valen la pena esas 6 horas en bus, las curvas del camino y el frío de cruzar el Abra Málaga (4316 m.s.n.m.) todo quedará atrás; Quillabamba y su verano eterno te compensarán!!!

Viaje realizado en Junio 2016.

En Aranjuez, del amor a la amistad hay un sólo paso.

Un día como hoy hace un año, aterrizaba nuevamente en Madrid, era una sensación indescriptible volver a estar allí después de ocho años, una mezcla de alegría y nostalgia, pero no tenía mucho tiempo para asimilarlo, tenía que salir lo más rápido posible del Aeropuerto de Barajas.

Días antes a mi llegada, había conversado con “Pedro”, un chico madrileño con el cual había tenido una relación amorosa aquellos años. Le conté que iba a estar de pasada por allí, así que nos pusimos de acuerdo para aprovechar la tarde y visitar Toledo, lugar que yo quería conocer hace tiempo y no lo había podido hacer en mi anterior viaje.

Todo fue una locura, por más que me apuré, demoré más de lo que pensaba; entre las conexiones de Metro, ubicar la casa del joven vietnamita que me había alquilado un cuarto por “airbnb” el día anterior, y el calor madrileño de junio que me sofocaba y no me dejaba caminar con la mochila a cuestas, los minutos se fueron volando.

Felizmente pude contactar a “Pedro” y decirle de mi retraso. Cuando al fin llegué al punto de encuentro; allí estaba él, en la salida de la estación del metro, parado al lado de una banca; me sonrió y caminó hacia mí, me saludo con un cordial y tímido abrazo, y claro, los dos besos en la mejilla que me hicieron dar cuenta que ya estaba en España; fue gracioso porque al parecer la efusividad del saludo se le había ido segundos antes al confundirme con una chica que estaba sentada en la banca, ella acababa de llegar de México y llevaba una mochila, curiosamente también esperaba a una persona que no veía hace años. Nos despedimos de ella y emprendimos nuestro camino.

Mirando la hora, él sugirió que visitáramos un lugar más cercano, así que nos fuimos a Aranjuez, un pueblo a 42 km al sur de Madrid, lugar que había sido estancia de muchos reyes de la monarquía española desde Felipe II en el año 1560, y además, había sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2001.

Llegamos al atardecer, caminamos por los alrededores del Palacio Real y por los bellos jardines a orillas del río Tajo, recuerdo la sutil belleza del lugar y aquellas hermosas esculturas distribuidas a lo largo del camino, pero también recuerdo la bienvenida que me dieron los miles de mosquitos, creo que sabían que no era de allí, me dejaron marcas por mucho tiempo. Luego de unas cuantas fotos, nos sentamos en una terraza, pedimos unas bebidas y tapas, y dejamos fluir la conversación. Charlamos y charlamos por mucho tiempo, de nuestras vidas, de la familia, de los amigos, de los cambios, de los aprendizajes, de lo importante y de lo trivial, de todas las cosas que nos habían pasado en ese tiempo. Durante esos ocho años habíamos hablado unas contadas veces, algún saludo por fiestas y por allí alguna idea de proyectos laborales que compartíamos cada cierto tiempo, digamos que conversábamos unas dos o tres veces al año, pero siempre había buena vibra y buenos deseos de parte de uno hacia el otro.

Durante la temporada de mi viaje, poco más de tres meses por Europa, cruce algunas veces más por Madrid, cómo siempre yo estaba de pasaba, camino hacia otro lugar, y a pesar de lo inesperada de mis visitas, él siempre trato de darse un tiempo para almorzar, para tomar un café, acompañarme a un museo o simplemente caminar y conversar un rato. Ahora seguimos hablando igual, dos o tres veces al año, no importa la fecha, no recuerdo bien cuando es su cumpleaños y él tampoco el mío, a veces las fechas no importan tanto, pero si los segundos compartidos, las buenas vibras y el querer cultivar una bonita Amistad!!!

Viaje realizado el 24 de junio del 2015.

En la intensa Marrakech, despertando mis sentidos al anochecer!!!

Después de pasar unos días maravillosos en el noreste de Marruecos, emprendí mi viaje hacia el sur, hacia la gran ciudad de Marrakech. Miré el mapa y el recorrido de los buses; y decidí tomar la ruta de Chefchaouen a Casablanca, hacer una parada allí y luego tomar otro bus que me llevara a Marrakech. Esta vez si conseguí un bus con aire acondicionado, tan importante para sobrevivir por estos lares en días de verano.

Así comencé mi ruta, muy temprano en la mañana, viajé por varias horas, cambié de transporte y al fin por la tarde el bus hizo su ingreso a la ciudad de Marrakech. El sol aún quemaba con fuerza y yo miraba asombrada desde la ventana este nuevo lugar, al inicio vi algunos hoteles de paredes rosadas con arcos árabes, caídas de agua y palmeras; luego muchos edificios, casas y otras construcciones también de color rojizo en diferentes tonalidades; yo estaba maravillada con lo que veía, nunca antes había visto un lugar así. Marrakech es llamada la Ciudad Roja por el color de sus edificaciones, lo que me hacía verla como intensa, cálida y amigable a primera vista.

Me quedé unos cuantos días allí en pleno verano, yo que no estoy acostumbrada a climas tan extremos, después de este viaje, mi tolerancia al sol debe haber aumentado increíblemente.

Durante las mañanas caminaba para conocer los lugares turísticos cercanos, buscando algo de sombra, hidratándome y haciendo descanso cada cuantos pasos. Siempre recuerdo aquel día que entré a la Estación de Tren, había caminado unas cuatro cuadras y me sentí agobiada por el calor, así que decidí ingresar a la Estación en busca de sombra, para mi suerte encontré un asiento en la sala de espera, me senté y bebí un sorbo de agua mientras miraba la gente pasar con sus equipajes; no sé en qué momento Morfeo me atrapo, no tengo idea de cuántos minutos dormí, sólo que fue un sueño profundo y relajante; el fuerte sol de Marrakech me había adormecido.

En las noches en cambio, trataba de estar lo más despierta posible; al ser un lugar tan caluroso en el día, la gente aprovecha las noches para salir y la gran Plaza de Jamaa el Fna es el punto de concentración de la mayoría de personas. Caminar por allí entre puestos de comida, de dátiles y de zumos de naranja; vendedores de artesanía, música folklórica, danzantes tradicionales y hasta domadores de serpiente; es una experiencia muy estimulante para todos los sentidos.

Me parecía que las noches duraban más de lo normal; saboreé deliciosas cenas con exquisitos platos de aromas intensos a especias y hierbas; escuché contagiosos y vibrantes ritmos musicales e intercambié cantantes y canciones; acaricié telas suaves y frescas de variados colores y me probé trajes típicos del lugar; pero sobretodo, disfruté de grata compañía, adorables conversas y muchas risas compartidas.

Así pasaron mis días en Marrakech, con mañanas de sol adormecedor y noches claras de luna para despertar, explorar y disfrutar. Definitivamente una ciudad roja, una ciudad intensa. Para ser vivida con todos tus sentidos despiertos al anochecer!!!

Viaje realizado en julio 2015.

Disfrutando de la Naturaleza en el Parque Nacional Talassemtane

 

Eran días de Ramadán* en Chefchaouen, al Noreste de Marruecos; y éramos pocas las personas alojadas en el hospedaje, así que la mayoría coincidimos durante el desayuno en la soleada terraza, allí tuvimos una charla amena, compartiendo experiencias y datos para nuestros próximos destinos. Durante la conversa, uno de los chicos comentó que en las afueras de la ciudad, había un lugar para caminar entre la naturaleza, con mucha vegetación y donde podíamos encontrar muchas pozas de agua, perfectas para refrescarnos en este clima tan caluroso; él se refería al Parque Nacional Talassemtane, ubicado a 35 km de Chefchaouen. Fue así que cuatro de nosotros nos animamos a ir, los demás no podían porque tenían que continuar su recorrido hacia otras ciudades; conseguimos una movilidad para ir y volver, ya que el lugar estaba algo alejado y lo mejor era aprovechar el tiempo para caminar allá.

El trayecto en auto fue por un camino en ascenso y con algunas curvas, el conductor manejaba a bastante velocidad por una pista bien asfaltada y nosotros adentro moviéndonos de un lado a otro, tratando de sujetarnos de alguna parte del auto para no aplastar al compañero de al lado. Conforme íbamos avanzando, empezamos a ver grandes y bellas formaciones rocosas de colores gris y rojizo, y mucho verdor sobre las montañas.

Cuando finalmente llegamos a la entrada del Parque, pudimos ver que habían otros autos estacionados allí, al parecer también esperaban por otros viajeros. Muy contentos bajamos del auto, dispuestos a iniciar nuestra caminata, cruzamos un puente y seguimos por un sendero paralelo a un río, inmediatamente después de dar nuestros primeros pasos, la naturaleza nos deleitó con muchas plantas, hermosas flores rosadas y pozas de agua donde los niños jugaban y algunos hombres reposaban en la orilla.

Caminamos un largo tiempo por el mismo sendero, disfrutando el paisaje y el contacto con la naturaleza, hasta que poco a poco empezamos a sofocarnos con el calor, por lo que decidimos emprender la búsqueda de una poza de agua, de ser posible una sólo para nosotros o al menos con poca gente, donde pudiéramos refrescarnos tranquilamente. Para ello empezamos a salirnos del camino, haciendo subidas y bajadas hacia el lado del río, hasta que encontramos un pequeño desvío algo tapado por la vegetación, lo despejamos para poder pasar y fuimos a mirar que había por allí… oooh maravilla, que hermoso lugar!!!

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Encontramos una poza de agua verde clara rodeada de vegetación y sin gente, completa para nosotros!!! Adoro estas caminatas donde se siente tanto calor pero al final llegas a un bello lugar donde poder darte un chapuzón y refrescarte. Pasamos allí bastante tiempo, conversando y relajándonos en el agua, hasta que llegó la hora de emprender el retorno.

Íbamos por el camino de regreso, muy felices y fresquitos, cuando de pronto vimos que al otro lado del río había un grupo de jóvenes marroquíes, ellos estaban realizando unos clavados increíbles, saltaban desde lo alto de una construcción metida entre las rocas hacia
una poza de agua formada por el río.

D8Era todo un espectáculo verlos saltar y divertirse en el agua, tomé algunas fotos hasta que uno de los chicos marroquíes que estaba a punto de lanzarse, me hizo una seña a lo lejos para que no lo fotografiara, así que puse mi cámara a un lado y junto con los otros viajeros nos sentamos a la misma altura del camino frente a ellos, desde allí contemplamos las acrobacias que hacían al saltar, fue una bonita experiencia el haber podido ver en ese espacio natural tan bello, algo que para ellos es una diversión tan simple y cotidiana.

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Así volvimos a Chaouen**, con el apetito abierto por la caminata, pero sobretodo, por seguir disfrutando de aquellas sencillas cosas que nos alegran la vida.


* Ramadán es el ayuno que realizan los musulmanes antes de que salga el sol hasta que se oculte.

** Chaouen es la manera abreviada de referirse a Chefchaouen.

Viaje realizado en julio 2015.

Respirando la paz de Chefchaouen en Ramadán!!!

3.5Estar en Chefchaouen en Ramadán fue una experiencia de paz total, un espacio para prestar atención al silencio en el día, mientras los habitantes están ayunando, descansando en las bancas de un parque o debajo de un árbol evitando hacer esfuerzos físicos, algunos comercios están cerrados y hay un sol que quema con mucha intensidad.

El hermoso color azul encendido y suave a la vez de las casas de La Medina*, las curvas, los pasajes estrechos y las pocas personas con las que me cruce en el día, algunos habitantes con túnicas blancas y unos cuantos viajeros de paso; me hizo soñar y pensar en un mundo de cuentos, así como relajarme y disfrutar de la belleza de sus calles silenciosas.

Es maravilloso quedarse en esas casas antiguas que ahora están acondicionadas para dar alojamiento a los viajeros, tener un delicioso desayuno y mirar desde la terraza aquel mágico pueblo azul.

Algunos habitantes de allí me contaron que esa tranquilidad sólo sucede en éstas fechas, que cuando termina el Ramadán, el lugar se llena de gente y puede ser bastante bullicioso; así que era mi momento de disfrutar la paz de esos días, aunque tengo curiosidad por experimentarla también en otra temporada.

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Todo el silencio que me acompañó durante el día se rompe cuando el sol se oculta, a las ocho de la noche aproximadamente, la gente sale a las calles, a compartir, a comer, a vender sus productos, los niños a jugar y todos se ven muy sonrientes y amigables.

El ayuno terminó por hoy, salgamos todos a comer!!!

 

*La Medina, se llama así al barrio antiguo de una ciudad árabe.

Viaje realizado en julio 2015, en días de Ramadán.